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Hoja Dominical

 

ARQUIDIÓCESIS DE BOGOTÁ

CATEDRAL PRIMADA DE COLOMBIA

DOMINGO VIGESIMOPRIMERO DEL TIEMPO ORDINARIO

23 DE AGOSTO DE 2015 - CICLO B

«Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna.»

BIENVENIDOS A LA CATEDRAL

Estimados visitantes nacionales y extranjeros, peregrinos, fieles y turistas: la Catedral Primada los recibe a todos ustedes con alegría y les desea un domingo lleno de paz, tranquilidad y alegría en el Señor Jesús. Esta magnífica construcción permanece abierta para cuantos quieran tener un encuentro con el amor de Dios o admirar el patrimonio cultural y de fe del pueblo colombiano. La liturgia de hoy nos invita a contemplar el diálogo que tiene el Señor Jesús con su pueblo en la sinagoga de Cafarnaún. Tantas veces nuestra vida debe ser confrontada en este sentido: seguir al Señor con todo lo que ello implica, o seguir las distintas ideologías que nos presenta nuestra época. Él nos quiere reconfortar en esta celebración con palabras de vida eterna y dándonos su Cuerpo y su Sangre. Celebremos con alegría esta eucaristía.

CANTO DE ENTRADA

ACTO PENITENCIAL

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú, que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú, que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque solo Tú eres Santo, solo Tú, Señor, solo Tú, Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACIÓN COLECTA 

Oh Dios,

que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo:

concede a tu pueblo amar lo que mandas

y desear lo que prometes,

para que en medio de las inconstancias del mundo

permanezcan firmes nuestros corazones

donde se hallan las verdaderas alegrías.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos.

R. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b

En aquellos días, Josué reunió todas las tribus de Israel en Siquén y llamó a los ancianos, a los jefes, a los jueces, a los magistrados, para que se presentasen ante Dios. Josué dijo a todo el pueblo:

―Si no os parece bien servir al Señor, escoged a quién servir: a los dioses a quienes sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país habitáis. Yo y mi casa serviremos al Señor.

El pueblo respondió:

―¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la esclavitud; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre  los pueblos por donde cruzamos. Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

V. Palabra de Dios.

R. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL 

Sal 34 (33), 2-3. 16-17. 18-19. 20-21. 22-23 (R.: 9a)

Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Libro del Salmista, p. 275 

Bendigo al Señor en todo momento,

su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloría en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren. R.


Los ojos del Señor miran a los justos,

sus oídos escuchan sus gritos;

pero el Señor se enfrenta con los malhechores,

para borrar de la tierra su memoria. R.


Cuando uno grita, el Señor lo escucha

y lo libra de sus angustias;

el Señor está cerca de los atribulados,

salva a los abatidos. R.

Aunque el justo sufra muchos males,

de todos lo libra el Señor;

él cuida de todos sus huesos,

y ni uno solo se quebrará. R.

La maldad da muerte al malvado,

y los que odian al justo serán castigados.

El Señor redime a sus siervos,

no será castigado quien se acoge a él. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 5, 21-32

Hermanos:

Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano.

Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.

Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia:

Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.

Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.

«Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.»

Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

V. Palabra de Dios.

R. Te alabamos, Señor.

ALELUYA

EVANGELIO

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 6, 61-70 

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:

―Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?

Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:

―¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:

―Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede.

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

Entonces Jesús les dijo a los Doce:

―¿También vosotros queréis marcharos?

Simón Pedro le contestó:

―Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.

V. Palabra del Señor.

R. Gloria a ti, Señor Jesús.

CREDO

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén. 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Presidente: Padre de bondad, a pesar de nuestra debilidad, sabemos que sólo Cristo es el Camino que nos conduce a Ti. Por medio de Él, la Iglesia te presenta estas necesidades diciendo:

PADRE, CONDÚCENOS HACIA TI.

1. Por toda la Iglesia extendida por el mundo, en particular por el Papa Francisco, por nuestro arzobispo Rubén Salazar, los sacerdotes y todos los que la formamos, para que, a pesar de las dificultades, no dejemos nunca de aclamar y buscar la Gloria de Dios. Oremos.

2. Por todos los pueblos de la tierra,  en especial por nuestro país, y por todos aquellos que sufren el flagelo de la guerra y la desigualdad, para que, reconociendo a Cristo como único Salvador, se conviertan a Él y contribuyan al bienestar y la sana convivencia entre todos. Oremos.

3. Por todas las parejas que hacen el curso prematrimonial en nuestra parroquia, para que esta experiencia de encuentro con el amor del Señor renueve su entrega y los fortalezca de cara a la misión matrimonial que asumirán. Oremos.

4. Por todos los enfermos, los pobres, los necesitados y los que buscan el sentido de sus vidas, para que siempre encuentren una palabra de consuelo y esperanza que pueda responder a todas sus necesidades. Oremos.

5. Por las familias, especialmente las que viven en peligro de separación o las que ya han experimentado una ruptura, para que, encontrando el camino de Cristo, puedan vivir en fidelidad y entrega. Oremos.

6. Por nosotros, reunidos en torno al altar en este domingo, para que, frecuentando el sacramento de la Eucaristía, vivamos en plena alabanza a Dios Padre con nuestra vida. Oremos.

Presidente: Padre de bondad, atiende a tu pueblo que desea seguir tus caminos, y acompáñalo en sus dificultades dándole los dones de la fe y la esperanza. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.

R. Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA

CANTO DE OFERTORIO

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Oh Señor, que por el sacrificio único de tu Hijo

adquiriste para Ti un pueblo de adopción:

concede propicio a tu Iglesia

los dones de la unidad y de la paz.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén. 

PREFACIO

SANTO

PLEGARIA EUCARÍSTICA

PADRE NUESTRO

CORDERO DE DIOS

COMUNIÓN

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Completa, Señor, en nosotros

la obra redentora de tu misericordia,

condúcenos a tan alta perfección

y mantennos en ella de tal forma

que podamos agradarte en todo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

BENDICIÓN SOLEMNE

SALIDA

V. Podéis ir en paz.

R. Demos gracias a Dios.

Lectura Espiritual

¿Has encontrado, alma mía, lo que buscabas? Buscabas a Dios y has encontrado que Él está por encima de todas las cosas, que nada mejor que Él se puede imaginar, y que Él es la vida, la luz, la sabiduría, la bondad, la bienaventuranza eterna y la eternidad dichosa; Él está por todas partes y siempre. Señor Dios mío, creador y restaurador de mi ser, di a mi alma deseosa que eres otro del que ella ha visto para que vea limpiamente lo que desea. Intenta ver más, pero no ve nada más de lo que ha visto, sino tinieblas. En verdad no ve tinieblas, puesto que en Ti no existen, pero ve que no puede ver más por sus propias tinieblas.

De verdad, Señor, que esta luz en la que habitas es inaccesible, pues no existe nadie que pueda penetrar esta luz para contemplarte. Yo no la veo, pues es excesiva para mí, y, sin embargo, todo lo que veo lo veo por ella, del mismo modo que el ojo débil, lo que ve, lo ve por la luz del sol, aunque no pueda mirarlo directamente. ¡Mi entendimiento no puede alcanzar esa luz!; es demasiado resplandeciente para comprenderla, y tampoco los ojos de mi alma soportan el mirarla por mucho tiempo. Su fulgor la deslumbra, su sublimidad la supera, su inmensidad la anonada, su amplitud la ofusca.

¡Oh Luz suprema e inaccesible! ¡Oh Verdad íntegra y feliz, qué lejos estás de mí que estoy tan cerca de Ti! ¡Qué lejos estás de mi presencia, mientras yo siempre estoy en la tuya!

En todas partes estás presente e íntegra, y yo no te veo. Me muevo y existo en Ti, y, sin embargo, no puedo alcanzarte. Estás dentro y alrededor de mí y no te siento.

Te ruego, Señor, que te conozca y te ame para que encuentre en Ti mi alegría. Y si en esta vida no puedo alcanzar la plenitud, que al menos crezca de día en día hasta que llegue a aquella plenitud. Que en esta vida se haga más profundo mi conocimiento de Ti, para que allí sea completo; que tu amor crezca en mí para que allí sea perfecto, y que mi alegría, grande en esperanza, sea completa en la posesión.

S. Anselmo de Cantorbery, Proslogion

Reflexión

Desde hace algunos domingos, como sabéis, la liturgia propone a nuestra reflexión el capítulo VI del Evangelio de San Juan, en el que Jesús se presenta como el «pan de la vida bajado del cielo» y añade: «Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo» (Jn 6, 51). A los judíos que discuten ásperamente entre sí preguntándose: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» (v. 52) —y el mundo sigue discutiendo—, Jesús recalca en todo tiempo: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros» (v. 53); motivo también para que reflexionemos si hemos entendido realmente este mensaje.

Hoy, XXI domingo del tiempo ordinario, meditamos la parte conclusiva de este capítulo, en el que el cuarto evangelista refiere la reacción de la gente y de los discípulos mismos, escandalizados por las palabras del Señor, hasta el punto de que muchos, después de haberlo seguido hasta entonces, exclaman: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?» (v. 60). Desde ese momento «muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él» (v. 66), y lo mismo sucede continuamente en distintos períodos de la historia. Se podría esperar que Jesús buscara arreglos para hacerse comprender mejor, pero no atenúa sus afirmaciones; es más, se vuelve directamente a los Doce diciendo: «¿También vosotros queréis marcharos?» (v. 67).

Esta provocadora pregunta no se dirige sólo a los interlocutores de entonces, sino que llega a los creyentes y a los hombres de toda época. También hoy, no pocos se “escandalizan” ante la paradoja de la fe cristiana. La enseñanza de Jesús parece “dura”, demasiado difícil de acoger y poner en práctica. Hay entonces quien la rechaza y abandona a Cristo; hay quien intenta “adaptar” su palabra a las modas de los tiempos, desnaturalizando su sentido y valor. «¿También vosotros queréis marcharos?». Esta inquietante provocación resuena en nuestro corazón y espera de cada uno una respuesta personal; es una pregunta dirigida a cada uno de nosotros. Jesús no se conforma con una pertenencia superficial y formal, no le basta con una primera adhesión entusiasta; al contrario, es necesario tomar parte durante toda la vida “en su pensar y en su querer”. Seguirlo llena el corazón de alegría y da pleno sentido a nuestra existencia, pero implica dificultades y renuncias, porque con mucha frecuencia se debe ir a contracorriente. «¿También vosotros queréis marcharos?» A la pregunta de Jesús, Pedro responde en nombre de los Apóstoles, de los creyentes de todos los siglos: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (vv. 68-69).

Queridos hermanos y hermanas, también nosotros podemos y queremos repetir en este momento la respuesta de Pedro, ciertamente conscientes de nuestra fragilidad humana, de nuestros problemas y dificultades, pero confiando en la fuerza del Espíritu Santo, que se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesús. La fe es don de Dios al hombre, y es, al mismo tiempo, confianza libre y total del hombre en Dios; la fe es escucha dócil de la Palabra del Señor, que es «lámpara» para nuestros pasos y «luz» en nuestro camino (cf. Sal 119, 105). Si abrimos con confianza el corazón a Cristo, si nos dejamos conquistar por Él, podemos experimentar también nosotros, como el santo cura de Ars, que «nuestra única felicidad en esta tierra es amar a Dios y saber que Él nos ama». Pidamos a la Virgen María que mantenga siempre viva en nosotros esta fe impregnada de amor, que hizo de Ella, humilde muchacha de Nazaret, la Madre de Dios y madre y modelo de todos los creyentes.

Benedicto XVI. 23 de agosto de 2009


ARQUIDIÓCESIS DE BOGOTÁ

CATEDRAL PRIMADA DE COLOMBIA

DOMINGO VIGESIMOSEGUNDO DEL TIEMPO ORDINARIO

30 DE AGOSTO DE 2015 - CICLO B

«¿Señor, quién puede hospedarse en tu tienda?» 

BIENVENIDOS A LA CATEDRAL

Sean todos cordialmente acogidos en esta casa de Dios, la Catedral Primada de Colombia. Este edificio religioso alberga en sus muros tanto la historia cultural, política y social de nuestro país como el testimonio de fe de tantos colombianos que durante años han acudido a este templo para encontrarse con el amor y la misericordia de Dios. La celebración eucarística de hoy nos invita a profundizar en la grandeza de la presencia de Dios en nuestras vidas. Él, por medio de su acción, de su presencia y palabra, quiere purificar nuestro corazón  para que lo podamos servir de forma limpia y total. Es Él mismo quien nos quiere dar un corazón y un espíritu nuevos. Participando de la eucaristía tenemos la posibilidad de recibir estas gracias. Celebremos con devoción este misterio para gozar de los dones que el Señor Jesús nos quiere dar este domingo.

CANTO DE ENTRADA

ACTO PENITENCIAL

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú, que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú, que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque solo Tú eres Santo, solo Tú, Señor, solo Tú, Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACIÓN COLECTA 

Dios de poder, de quien procede todo lo perfecto,

infunde tu amor en nuestros corazones

para que, al hacer más religiosa nuestra vida,

aumentes en nosotros todo bien

y lo conserves con solicitud amorosa.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos.

R. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1-2. 6-8

Habló Moisés al pueblo diciendo:

―Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.

Estos mandatos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán:

―Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.

Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta Ley que hoy os doy?

V. Palabra de Dios.

R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL 

Sal 15 (14), 2-3a. 3bc-4ab. 5 (R.: 1a)

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

Libro del Salmista, p. 279 

El que procede honradamente

y practica la justicia,

el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua. R.


El que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor. R.


El que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra, nunca fallará. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol Santiago 1, 17-18. 21b-22. 27

Queridos hermanos:

Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los Astros, en el cual no hay fases ni periodos de sombra.

Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.

Aceptad dócilmente la Palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos.

La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.

V. Palabra de Dios.

R. Te alabamos, Señor.

ALELUYA

EVANGELIO

† Lectura del santo Evangelio según San Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos). (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).

Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús:

―¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?

Él les contestó:

Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:

Este pueblo me honra con los labios,

pero su corazón está lejos de mí.

El culto que me dan está vacío,

porque la doctrina que enseñan

son preceptos humanos.

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

En otra ocasión llamó Jesús a la gente, y les dijo:

―Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

V. Palabra del Señor.

R. Gloria a ti, Señor Jesús.

CREDO

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Presidente: Padre bueno, haz que, abandonado el hombre viejo, tomemos todos el camino de la salvación que conduce por Cristo hacia tu Santa Morada. A cada petición respondamos diciendo:

PADRE, HAZNOS CRECER EN SANTIDAD.

1. Por el Papa Francisco, nuestro arzobispo Rubén, los obispos del mundo entero, todos los sacerdotes y diáconos y el pueblo de Dios, para que la Palabra proclamada en la Iglesia no cese de llamarnos a la conversión diaria. Oremos.

2. Por los gobernantes del mundo entero, y en particular por los de nuestra patria y nuestra ciudad, para que, como representantes de sus pueblos, se vuelvan a la misericordia de Dios y Él les conceda la paz y la prosperidad. Oremos.

3. Por los que sufren la enfermedad, especialmente la de larga duración, para que el Señor se haga presente en sus vidas y se vean liberados tanto en su cuerpo como en su alma. Oremos.

4. Por las víctimas de la violencia en nuestro país y los afectados por el hambre, el desplazamiento y la corrupción, para que la solidaridad de todos nosotros disminuya sus problemas y sufrimientos. Oremos.

5. Por los que han dejado enfriar su fe con las preocupaciones del mundo y el afán del dinero, para que conozcan, por medio de la Iglesia, la acción constante del perdón y la misericordia del Padre. Oremos.

6. Por el Plan de Evangelización de nuestra Arquidiócesis de Bogotá, para que, guiado por la eficacia de la Palabra de Dios, llegue a ser un instrumento eficaz para que lleguemos a ser sal de la tierra y luz del mundo en nuestra sociedad. Oremos.

7. Por todos nosotros, que estamos celebrando esta eucaristía, para que el Señor nos abra los ojos como al ciego, y así demos testimonio de su misericordia delante de los hombres. Oremos.

Presidente: Padre misericordioso, haznos dóciles a la voz de tu Hijo y danos la luz de tu amor y tu perdón en la oscuridad de nuestro diario caminar. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA

CANTO DE OFERTORIO

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que esta ofrenda sagrada, Señor,

nos traiga siempre tu bendición salvadora,

para que se cumpla con poder

lo que realiza el misterio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

PREFACIO

SANTO

PLEGARIA EUCARÍSTICA

PADRE NUESTRO

CORDERO DE DIOS

COMUNIÓN

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Saciados con el pan de la mesa celestial,

te rogamos, Señor,

que este alimento de caridad fortalezca nuestros corazones

para que nos animemos a servirte en nuestros hermanos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

BENDICIÓN SOLEMNE

SALIDA

V. Podéis ir en paz.

R. Demos gracias a Dios.

Lectura Espiritual

Si tú me dices: «Muéstrame a tu Dios», yo te diré a mi vez: «Muéstrame tú al hombre que hay en ti, y yo te mostraré a mi Dios». Muéstrame, por tanto, si los ojos de tu mente ven, y si oyen los oídos de tu corazón. Pues de la misma manera que los que ven con los ojos del cuerpo perciben con ellos las realidades de esta vida terrena y advierten las diferencias que se dan entre ellas ―por ejemplo, entre la luz y las tinieblas, lo blanco y lo negro, lo deforme y lo bello, lo proporcionado y lo desproporcionado, lo que está bien formado y lo que no lo está, lo que es superfluo y lo que es deficiente en las cosas—, y lo mismo se diga de lo que cae bajo el dominio del oído ―sonidos agudos, graves o agradables―, eso mismo hay que decir de los oídos del corazón y de los ojos de la mente, en cuanto a su poder para captar a Dios.

En efecto, ven a Dios los que son capaces de mirarlo, porque tienen abiertos los ojos del espíritu. Porque todo el mundo tiene ojos, pero algunos los tienen oscurecidos y no ven la luz del sol. Y no porque los ciegos no vean ha de decirse que el sol ha dejado de lucir, sino que esto hay que atribuírselo a sí mismos y a sus propios ojos. De la misma manera, tienes tú los ojos de tu alma oscurecidos a causa de tus pecados y malas acciones. El alma del hombre tiene que ser pura, como un espejo brillante. Cuando en el espejo se produce el orín, no se puede ver el rostro de una persona; de la misma manera, cuando el pecado está en el hombre, el hombre ya no puede contemplar a Dios.

San Teófilo de Antioquía, Libro a Antólico

Reflexión

En el Evangelio encontramos uno de los temas fundamentales de la historia religiosa de la humanidad: la cuestión de la pureza del hombre ante Dios. Al dirigir la mirada hacia Dios, el hombre reconoce que está “contaminado” y se encuentra en una condición en la que no puede acceder al Santo. Surge así la pregunta sobre cómo puede llegar a ser puro, liberarse de la “suciedad” que lo separa de Dios. De este modo han nacido, en las distintas religiones, ritos purificatorios, caminos de purificación interior y exterior.

En el Evangelio de hoy encontramos ritos de purificación que están arraigados en la tradición veterotestamentaria, pero que se gestionan de una manera muy unilateral. Por consiguiente, ya no sirven para que el hombre se abra a Dios, ya no son caminos de purificación y salvación, sino que se convierten en elementos de un sistema autónomo de cumplimientos que, para ejecutarlos verdaderamente en plenitud, requiere incluso especialistas. Ya no se llega al corazón del hombre. El hombre que se mueve dentro de este sistema, o se siente esclavizado o cae en la soberbia de creer que se puede justificar a sí mismo.

La exégesis liberal dice que en este Evangelio se revelaría el hecho de que Jesús habría sustituido el culto con la moral. Habría dejado a un lado el culto con todas sus prácticas inútiles. Ahora la relación entre el hombre y Dios se basaría únicamente en la moral. Si esto fuera verdad, significaría que el cristianismo, en su esencia, es moralidad, es decir, que nosotros mismos nos hacemos puros y buenos mediante nuestra conducta moral. Si reflexionamos más profundamente en esta opinión, resulta obvio que no puede ser la respuesta completa de Jesús a la cuestión sobre la pureza. Si queremos oír y comprender plenamente el mensaje del Señor, entonces debemos escuchar también plenamente, no podemos contentarnos con un detalle, sino que debemos prestar atención a todo su mensaje. En otras palabras, tenemos que leer enteramente los Evangelios, todo el Nuevo Testamento y el Antiguo junto con él.

La primera lectura de hoy, tomada del Libro del Deuteronomio, nos ofrece un detalle importante de una respuesta y nos hace dar un paso adelante. Aquí escuchamos algo tal vez sorprendente para nosotros, es decir, que Dios mismo invita a Israel a ser agradecido y a sentir un humilde orgullo por el hecho de conocer la voluntad de Dios, y así, de ser sabio. Precisamente en ese período, la humanidad, tanto en el ambiente griego como en el semita, buscaba la sabiduría: trataba de comprender lo que cuenta. La ciencia nos dice muchas cosas y nos es útil en muchos aspectos, pero la sabiduría es conocimiento de lo esencial,  conocimiento del fin de nuestra existencia y de cómo debemos vivir para que la vida se desarrolle del modo justo.

La lectura tomada del Deuteronomio alude al hecho de que la sabiduría, en último término, se identifica con la Torá, con la Palabra de Dios que nos revela qué es lo esencial, para qué fin y de qué manera debemos vivir. Así, la Ley no se presenta como una esclavitud, sino que es —de modo semejante a lo que se dice en el gran Salmo 119— causa de una gran alegría: nosotros no caminamos a tientas en la oscuridad, no vamos vagando en vano en busca de lo que podría ser recto, no somos como ovejas sin pastor, que no saben dónde está el camino correcto. Dios se ha manifestado. Él mismo nos indica el camino. Conocemos su voluntad y con ello la verdad que cuenta en nuestra vida. Son dos las cosas que se nos dicen acerca de Dios: por una parte, que Él se ha manifestado y nos indica el camino correcto; por otra, que Dios es un Dios que escucha, que está cerca de nosotros, nos responde y nos guía. Con ello se toca también el tema de la pureza: su voluntad nos purifica, su cercanía nos guía.

Benedicto XVI. 30 de agosto de 2009